El estududiante y el faisán

Un día, cuando un maestro de Zen paseaba por el campo con su discípulo, un faisán salió de un matorral frente a ellos y se escondió torpemente entre la maleza. El estudiante rió y dijo: "los pájaros son tan tontos e indefensos". El maestro de Zen enarboló su bastón y golpeó a su discípulo en las espinillas. "Vuela", ordenó.

Todas las cosas tienen sus debilidades... y su fuerza. La piedra afila tijeras, las tijeras cortan papel, el papel envuelve la piedra. Los individuos se consideran débiles porque no saben usar su fuerza. La esencia del Taekwondo es hacer consciente al individuo de su fuerza natural y de cómo aplicarla con mayor ventaja posible. De este modo, la persona supera su única debilidad real: su falta de fe en sí mismo.

Se requiere paciencia. Hombres sabios han dicho que quien lo halla fácil al principio tiene mayor dificultad después. Para algunos, incluso la paciencia necesita de práctica. El impaciente puede precipitarse a adquirir técnicas brillantes para impresionarse a sí mismo e impresionar a otros igualmente superficiales... únicamente para descubrir, cuando tenga que encararse a alguien que sea valeroso en realidad, qué todas las triquinuelas son inútiles. Cuando uno se consagra con sinceridad a la práctica del Taekwondo, ingresa a una situación de relaciones recíprocas, en la cual el valor moral se incrementa a través del desarrollo físico, y la vanidad se transforma en auténtica confianza.

 
       
       
 

Al entrar de la Puerta
Cuántos años me costará llegar a ser Maestro si trabajo duro?, preguntó el joven.
- El resto de tu vida, respondió el maestro.
No puedo esperar tanto tiempo! Estoy dispuesto a todo para seguir su enseñanza. Cuanto tiempo me llevará si trabajo como servidor suyo en cuerpo y alma?
- Oh! tal vez diez años!
Pero usted sabe que mi padre se está haciendo viejo, pronto tendré que cuidar de él. Cuántos años habrá que contar si trabajo más intensamente?
- Oh! Tal vez treinta años!
Usted se burla de mi! Antes diez, ahora treinta! Créame, haré todo lo que haya que hacer para dominar este arte en el menor tiempo posible.
- Bien, en ese caso, se tendrá que quedar usted sesenta años conmigo! Un hombre que quiere obtener resultados tan de prisa no avanza rápidamente - explicó el maestro.

 
       
       
  Los cuatro elementos

"Sé tierra -dijo el maestro-. La tierra recibe las deyecciones de hombres y animales, y esto no le molesta. Muy al contrario, transforma las impurezas en abono y fertiliza el campo."

"Sé agua -dijo el maestro-. El agua se limpia a sí misma, y limpia todo aquello que toca. Sé agua en torrente."

"Sé fuego -dijo el maestro-. El fuego hace que la madera se transforme en luz y calor. Sé el fuego que quema y purifica."

"Sé viento -dijo el maestro-. El viento esparce las simientes sobre la tierra, hace que el fuego arda con más vigor, empuja las nubes para que el agua caiga sobre todos los hombres."

"Si tienes la paciencia de la tierra, la pureza del agua, la fuerza del fuego y la justicia del viento, entonces eres libre."